Un test en sangre predice el alzheimer seis años antes de manifestarse

Puede que sólo sea el primer paso. Pero si se confirman los resultados, en breve, se podría contar con el primer test en sangre que detecte precozmente el alzheimer. Un grupo internacional de científicos de Europa y Estados Unidos ha identificado 18 proteínas en el plasma sanguíneo relacionadas con la enfermedad neurodegenerativa, que permitirán identificar a los futuros enfermos con un 90% de precisión.
Ese grupo de proteínas son las que utilizan las células sanguíneas, las neuronas y las células del sistema nervioso para comunicarse entre ellas. El nuevo test identifica los cambios que se producen en ese diálogo celular, alteraciones que están directamente relacionados con la aparición del alzheimer. Los resultados de este prometedor avance se publican hoy en la edición digital de la revista «Nature Medicine».
Prueba sencilla y económica
El hallazgo de estas proteínas o biomarcadores despejan el camino para la comercialización de una prueba de detección sencilla y económica. Estaría destinada a aquellas personas que muestren los primeros síntomas de deterioro cognitivo. Bastaría con una pequeña muestra de sangre para predecir si esos fallos de memoria o las pequeñas alteraciones del comportamiento desembocarán, entre dos y seis años más tarde, en un alzheimer.
El test podría ser una prueba definitiva para saber si una persona sufre esta enfermedad neurodegenerativa. Hoy la mayoría de los diagnósticos se producen por exclusión y sólo la autopsia permite conocer con certeza si el alzheimer era la causa de la demencia.
Pero el mayor interés de este test está en su capacidad para diagnosticarlo en sus inicios. No sólo porque despejará dudas y permitirá a los pacientes afrontar la enfermedad. También porque la detección precoz posibilitaría la utilización de medicamentos que retrasen su evolución. Los fármacos anticolinesterásicos centrales ofrecen ya resultados. Son muy modestos; pero, incluso con estos tratamientos, se podría retrasar una media de dieciocho meses la progresión de la enfermedad.
El estudio que se publica hoy es el resultado de un año de investigaciones dirigidas por el neurólogo Tony Wys-Coray de la Universidad estadounidense de Stanford. Su trabajo demuestra que la sangre contiene una firma biológica específica, con la que se puede pronosticar la demencia.
Diálogo celular
Los investigadores descubrieron una conexión entre los cambios en el diálogo celular y las transformaciones que produce el alzheimer en el cerebro. «Nuestra tecnología nos permite «escuchar» las conversaciones entre células y determinar si algo anormal ocurre. No es que las células utilicen nuevas «palabras» cuando algo va mal. Lo que cambia es el tono. Ciertas palabras son más fuertes y otras más débiles», explica Wys-Coray.
Para identificar esas 18 proteínas , se recogieron las muestras de sangre de 259 personas. Algunos sufrían ya los primeros síntomas de lo que podía ser un alzheimer, otros tenían la enfermedad en su etapa más avanzada y otros estaban asintomáticos. Buscaron 120 proteínas conocidas del plasma cuya función es actuar como mensajeros químicos entre las células. Posteriores análisis mostraron que había 18 proteínas en las muestras de personas con algún grado de alzheimer que se expresaban en diferentes concentraciones al compararlas con individuos sanos. El diferente patrón descubierto en las muestras con la enfermedad neurodegenerativa fue estadísticamente significativo. El porcentaje de acierto y de diagnóstico alcanzó el 90%.
Disponible en un año
Pese a lo esperanzador de la investigación, aún se deben corroborar los resultados obtenidos. Si se confirman, la comercialización de esta nueva prueba sería rápida. El test podría estar disponible el próximo año, según la compañía de biotecnología Satoris que ha participado también en el estudio. Entonces, se contaría con una prueba más sencilla que la que ofrecen los sistemas de neuroimagen funcional como el PET. Esta prueba, que permite evaluar «in vivo» el metabolismo cerebral, era la última esperanza para hallar un sistema de detección precoz del alzheimer.

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Bajo el lema “100 años de historia de Alzheimer: 1906-2006” se ha
celebrado el Día Mundial del Alzheimer junto con el centenario del
descubrimiento de esta temible enfermedad, que afecta a más de 25
millones de personas en todo el mundo y a cerca de 800.000 españoles.

Este año se ha querido conmemorar el centenario del
descubrimiento de esta enfermedad por parte del neuropatólogo alemán
Alois Alzheimer. Así, bajo el lema “100 años de historia: 1906-2006”,
el día 21 de septiembre se ha celebrado una nueva edición del Día
Mundial del Alzheimer

Con el auspicio de la Alzheimer’s Disease International (ADI),
nacida en 1994, y la Organización Mundial de la Salud (OMS), que
instauró este día ahora hace 15 años, el objetivo es de dar a conocer
la enfermedad entre la sociedad y difundir información al respecto,
además de solicitar el apoyo y la solidaridad de la población en
general, de las instituciones y de los organismos oficiales.

La prevalencia real de la Enfermedad de Alzheimer (EA) todavía es
desconocida, pero se estima que afecta a más de 25 millones de personas
en todo el mundo y a cerca de 800.000 españoles, aunque sólo están
diagnosticados 600.000 casos a nivel nacional. Según el informe de la
Organización Mundial de la Salud (OMS), esta dolencia afecta al 5% de
los hombres mayores de 60 años y al 6% de las mujeres de la misma edad.

Sin embargo, de seguir la tendencia actual, los expertos advierten
que la prevalencia del Alzheimer aumentará en las próximas décadas,
debido al envejecimiento de la población. Así, se prevé que en el año
2040 padezcan esta dolencia 80 millones de personas a nivel
internacional, “lo que significa más que triplicar su prevalencia”,
según advierte el doctor Juan Antonio Martín Jiménez, miembro del grupo
de trabajo de Neurología de la Sociedad Española de Medicina General
(SEMG).

Actualmente, “aunque existen casos de enfermedad precoz (1-2%), lo
habitual es que los síntomas empiecen a manifestarse a partir de los
60-65 años”, explica este experto. No obstante, cabe destacar que la
incidencia de esta enfermedad neurológica aumenta con la edad,
“duplicándose cada cinco años a partir de los 65”, comenta el
representante del grupo de trabajo de Neurología de la SEMG, “de modo
que llega a afectar al 40% de los mayores de 85 años y representa del
60% al 80% del conjunto de demencias”.

Cien años de historia

En noviembre de 2006, el psiquiatra alemán Alois
Alzheimer presentó en el 37° Encuentro de Psiquiatras del Sureste de
Alemania, que tuvo lugar en Tubingen, un estudio que incluía la
descripción de una inusual enfermedad cerebral.

En el trabajo, denominado “Una enfermedad característica del córtex
cerebral”, se recogía el curso clínico de una paciente llamada Auguste
D, una mujer de 51 años, que presentaba pérdida de memoria,
desorientación, alucinaciones y demencia y que murió con sólo 55 años.

Alois Alzheimer realizó la autopsio de su cerebro, y el estudio del
tejido mostró una corteza cerebral atrófica, más estrecha de lo normal
y, además, dos anomalías muy llamativas que 100 años después siguen
siendo las características principales de la demencia tipo Alzheimer:
las placas seniles (acumulaciones extraneuronales de proteína beta
amiloide anómala situadas preferentemente en el hipocampo y la corteza
cerebral, las regiones relacionadas con la memoria y las funciones
cognitivas superiores (como el pensamiento) y los ovillos
neurofibrilares (acumulación de péptido tau en el interior de las
neuronas).

En un primer momento, y tras la publicación de sus hallazgos, en
1907, la investigación de este psiquiatra alemán no fue bien recibida
por sus colegas, y no fue hasta años después cuando se acuñó el término
enfermedad de Alzheimer a esta grave patología que nubla la mente del
hombre.

Diagnóstico precoz

Así, los expertos definen esta dolencia como un
cuadro de deterioro neuronal, donde, además de la memoria, el paciente
va perdiendo sus funciones cognitivas de manera progresiva e
irreversible y que generalmente se acompaña de alteraciones del
comportamiento.

El diagnóstico de la EA se basa en los síntomas clínicos y en la
utilización de técnicas de neuroimagen (TAC, RM, PET y SPECT), que
visualizan cambios anatómicos y alteraciones de la perfusión y del
metabolismo neuronal, “pero aún no existen marcadores específicos de
esta dolencia”, remarcan desde la SEMG.

La esperanza de vida desde el diagnóstico, si éste es precoz, suele
ser de 10 a 12 años, señala el vicepresidente esta sociedad médica, el
doctor Fernando Pérez Escanilla, que también apunta que afecta
especialmente a las mujeres, “ocupando el cuarto lugar como causa de
muerte entre la población femenina, según el estudio La Salud de
Nuestros Pueblos de la SEMG”, realizado a partir de una muestra formada
por poblaciones con menos de 10.000 habitantes.

Por ello los expertos centran gran parte de su interés en el
desarrollo de herramientas que permitan diagnosticar la dolencia en
fase precoz, cuando las funciones cerebrales aún no estén dañadas, e
incluso, años antes de que se manifieste la pérdida de memoria.

Un futuro prometedor

En cuanto al tratamiento, tal y como destacan los
expertos de la SEMG, hoy por hoy sigue siendo paliativo: fármacos que
mejoran los síntomas cognitivos, como los inhibidores de la
colinesterasa o la memantina; medicamentos para las alteraciones del
comportamiento, tipo antidepresivos, antipsicóticos o hipnóticos;
técnicas de estimulación cognitiva, y tratamiento de las complicaciones
derivadas del estado del enfermo.

A pesar de ello, desde esta sociedad se divisa un “futuro
prometedor”, ya que, en la actualidad “se están investigando técnicas
de estudio a nivel molecular y genético que podrían mejorar el
diagnóstico precoz del Alzheimer, identificando a pacientes de riesgo”,
adelanta el doctor Martín Jiménez. Además, continúa este experto, “la
sociedad está asumiendo cada vez más la necesidad de crear
instituciones de apoyo a estos pacientes y a sus familiares”.

A este respecto, la comunidad médica española aplaude el impulso a
la investigación en esta área que en nuestro país se va a dar con la
puesta en marcha de varios centros monográficos dedicados al estudio de
la dolencia: el que la Fundación Reina Sofía abrirá a final de año en
Madrid, más adelante en Murcia y el Centro Nacional de Alzheimer que se
creará en Salamanca.

Asimismo, en cuanto al tratamiento, además de fármacos más eficaces
(hay 25 en experimentación, de los que seis están ya en fase clínica),
parece que se acerca el momento de poder llegar a “individualizar la
prevención mediante el diseño de medicamentos en función del perfil
genético de cada enfermo (farmacogenómica)”, vaticina Juan Antonio
Martín Jiménez, “a esto se suman distintas investigaciones que buscan
una vacuna para esta enfermedad”.

El problema de los cuidadores

Pero en esta enfermedad, no sólo los pacientes
necesitan de una especial atención. También es necesario velar por el
mantenimiento de una buena calidad de vida de sus cuidadores, ya que
esta patología ocasiona una gran dependencia del enfermo, suponiendo
una enorme carga para las personas de su entorno, especialmente para el
cuidador principal.

De hecho, en España un millones de personas sufren de manera
indirecta (como cuidadores) esta patología. “Más del 70% de los
enfermos de Alzheimer son cuidados en su domicilio por un familiar (80%
mujeres)”, advierten desde la SEMG. “Es fundamental “cuidar al
cuidador” y atender sus necesidades, especialmente cuando la situación
familiar, económica, de salud personal o de apoyo social no son las
adecuadas”.

A este respecto, el doctor Fernando Pérez Escanilla añade que “las
características incapacitantes de esta dolencia la convierten en la
“enfermedad patrón” a tener en cuenta a la hora de prestar cuidados a
otra persona, ya que la manera en que se presten estos servicios tiene
mucho que ver con la evolución del proceso clínico de la enfermedad.
Así, tanto enfermo como familiares van a necesitar un apoyo para el
cual el médico general y de familia, y todo el equipo de Atención
Primaria, tiene que estar bien preparado”.

Los centros de día u otras fórmulas alternativas, así como la
terapia ocupacional del enfermo, son algunas de las soluciones que la
Sociedad Española de Medicina General propone para que no toda la carga

del paciente recaiga sobre su cuidador principal, y éste no pase,
también, a ser un enfermo.

Fuente: www.saludalia.com

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